En muchas comunidades de vecinos la sala de calderas se ha convertido en una fuente constante de gastos, averías y preocupación: combustible caro, inspecciones, ruidos, olores y riesgo normativo a futuro. A esto se suma la presión por descarbonizar edificios y mejorar su calificación energética, algo que cada vez pesa más en el valor de las viviendas.
En este contexto, la aerotermia comunitaria aparece como una alternativa eficiente, pero en las juntas surgen dudas: “¿funcionará con nuestros radiadores?”, “¿cuánto costará?”, “¿vamos a necesitar una derrama enorme?”. Además, si tu comunidad de vecinos pertenece al municipio de Madrid, puedes aprovechar las ayudas del CAMBIA 360.
La buena noticia es que hoy es posible sustituir la caldera central por aerotermia, incluso manteniendo radiadores existentes, y hacerlo con modelos de financiación que evitan las derramas tradicionales. Con ATuAire by Iberdrola, la comunidad se apoya en un modelo llave en mano respaldado por el Grupo Iberdrola, con más de 125 años de historia, que asume el análisis, el diseño, la financiación, la gestión de ayudas y Certificados de Ahorro Energético (CAE), y la operación de la nueva instalación para que el cambio sea sencillo y previsible.
La aerotermia en comunidades de propietarios consiste en instalar una o varias bombas de calor eléctricas que toman energía del aire exterior y la convierten en calor para calefacción y agua caliente sanitaria. Estas bombas se ubican normalmente en la cubierta, patios técnicos o una sala de máquinas y se conectan a la red hidráulica que antes alimentaba la caldera de gas o gasóleo: montantes, anillos y radiadores se siguen utilizando, por lo que no es necesario “levantar” todas las viviendas.
En la práctica, la comunidad pasa de quemar combustible fósil a utilizar electricidad para mover una máquina mucho más eficiente, capaz de entregar entre 3 y 4 kWh térmicos por cada kWh eléctrico consumido en condiciones adecuadas. Estas soluciones suelen instalarse en configuración modular (varias unidades en cascada), lo que permite adaptar mejor la potencia a la demanda real del edificio, mejorar el rendimiento en carga parcial y asegurar la disponibilidad del servicio, aunque falle una unidad.
Sustituir la caldera central por aerotermia aporta beneficios claros que conviene explicar de forma simple en junta de propietarios.
Una de las frases que más se repiten en las juntas es que “la aerotermia solo vale para suelo radiante” o que “con radiadores no calienta”. Este mito tiene parte de origen en las primeras bombas de calor, pensadas para baja temperatura, pero hoy la realidad es distinta.
Actualmente existen bombas de calor de alta temperatura, capaces de suministrar agua en el entorno de 65–75 °C, suficiente para alimentar radiadores ya existentes en muchos edificios. Aunque el rendimiento es mejor cuando se trabaja con temperaturas más bajas, incluso en alta temperatura la bomba de calor es más eficiente que una caldera moderna, especialmente cuando se acompaña de una buena regulación.
De esta forma, la aerotermia con radiadores trabaja muchas más horas en regímenes estables y eficientes, se reducen los arranques bruscos y se mejora el confort: los vecinos dejan de experimentar esas mañanas con radiadores muy fríos y golpes de calor repentinos típicos de muchas calefacciones centrales tradicionales.
Sí es cierto que una instalación pensada para impulsiones muy altas constantes y sin control modulante aprovecha peor las ventajas de la aerotermia. Por eso el proyecto no puede limitarse a “quitar caldera y poner bomba de calor”: hay que revisar la curva de temperatura, la hidráulica, los puntos más conflictivos del edificio y, sobre todo, explicar que el confort vendrá de temperaturas más estables y continuas, no de radiadores ardiendo durante pocas horas al día.
No todos los edificios pueden cambiar de golpe a una solución 100 % eléctrica, y ahí entran en juego las instalaciones híbridas de aerotermia con caldera de gas. Este enfoque es especialmente interesante cuando:
En un sistema híbrido, la aerotermia se dimensiona para cubrir un porcentaje muy alto de la demanda anual de calefacción y ACS, normalmente en el entorno del 80-95 %, mientras que la caldera de gas actúa solo como apoyo en las situaciones más exigentes (olas de frío, picos puntuales de consumo o maniobras especiales). De este modo, la comunidad aprovecha la alta eficiencia de la bomba de calor durante casi todo el año y mantiene la caldera como red de seguridad, sin necesidad de sobredimensionar la acometida eléctrica ni la inversión inicial.
Un sistema de control inteligente decide en cada momento si trabaja solo la bomba de calor, solo la caldera o ambos, según temperatura exterior, demanda y, en su caso, costes relativos de gas y electricidad.
El gran freno en muchas juntas no es tanto la tecnología como la economía: el miedo a una derrama elevada que muchos vecinos no pueden asumir. Aquí es donde el modelo de ATuAire by Iberdrola marca la diferencia.
ATuAire by Iberdrola es la empresa del Grupo Iberdrola especializada en electrificar calefacción y ACS en comunidades, sector terciario e industria. Su propuesta se basa en varios pilares:
En la práctica, el análisis económico compara dos escenarios: seguir con la caldera actual (con sus costes crecientes de combustible, mantenimiento y posibles adaptaciones normativas) frente a implantar aerotermia (pura o híbrida) con el modelo de ATuAire by Iberdrola. Una parte significativa del gasto actual en gas o gasóleo se transforma en una cuota asociada a la nueva instalación, que incluye financiación, operación y mantenimiento.
Gracias a la mayor eficiencia de la bomba de calor, a la optimización de contratos eléctricos y al efecto de las ayudas y los CAE, el coste total para la comunidad puede mantenerse similar o incluso reducirse desde el primer año, evitando la típica derrama puntual elevada. Y, una vez amortizada la inversión, el ahorro frente a “seguir como estamos” puede acercarse al 50 % del coste energético anterior, según el caso.