La bomba de calor eléctrica es cuatro veces más eficiente que las calderas de gas y gasóleo. Con gran parte de la electricidad en España ya libre de emisiones, es la solución más eficaz para descarbonizar el calor.
La electrificación de la demanda nos pone ante un gran reto: la climatización de los espacios. Empresas, comunidades de propietarios y edificios industriales han empleado de manera habitual sistemas de calefacción, de refrigeración y de agua caliente sanitaria que dependían de combustibles fósiles para su funcionamiento. Ahora existen alternativas más eficientes y sostenibles que no solo supongan un ahorro económico, también prometen una reducción de emisiones que no podemos ignorar: las bombas de calor.
Un ejemplo sencillo es el “aire acondicionado” con inversor: incorpora una bomba de calor aire-aire que extrae la energía del aire ambiente y la transforma en aire caliente, que expulsa a través de las unidades interiores tipo split. Pero es solo uno de sus usos. A continuación, te explicamos cómo funciona, qué otros tipos existen y cuál es su eficiencia frente a otros sistemas de climatización.

Captación del calor ambiental
La unidad exterior extrae energía térmica del entorno. Según el tipo de sistema, esta procede del aire, de aguas subterráneas o del calor de la tierra.
Compresión y transformación de la energía en frío o en calor
El calor recorre un circuito interno formado por compresor, válvula de expansión, condensador y evaporador. El líquido refrigerante se comprime para elevar su temperatura y ceder el calor al emisor.
Transporte de calor al interior
El calor se libera en el emisor —radiadores, fancoils, splits, suelo radiante o unidades interiores—, que proporciona calefacción y/o agua caliente sanitaria, según el tipo de bomba de calor.
Refrigeración de la estancia
Las bombas de calor también pueden refrigerar. En este caso, el proceso se invierte: extraen el calor del interior para enfriar el circuito y, con él, la estancia.
Las bombas de calor no son una novedad: sus primeras aplicaciones en el sector terciario se remontan a las décadas de los 70 y los 80 del siglo pasado, con equipos aire-aire para refrigerar oficinas, comercios y otros edificios. Desde entonces, su uso se ha extendido en España hasta alcanzar cerca de 200.000 unidades vendidas en 2025, según el último informe de mercado de la EHPA (European Heat Pump Association).
Su implantación responde a la búsqueda de eficiencia energética en todos los sentidos: ahorro de costes, menos emisiones y uso de electricidad de origen renovable. Las bombas de calor son cuatro veces más eficientes que las calderas de gas: por cada 1 kWh eléctrico consumido producen 3-4 kWh de energía térmica. Una caldera de gas tradicional, en cambio, genera 0,95 kWh térmicos por cada kWh de gas consumido, un ratio inferior a 1.
El sistema eléctrico español se ha transformado notablemente en las dos últimas décadas. En 2025, la potencia instalada alcanzó los 142.558 MW, cifra que superaría los 150.000 MW si se incluyera el autoconsumo. Las renovables, principalmente eólica y solar, suman 95,6 GW y han ganado un peso importante en el mix energético de España, lo que sitúa al país en la senda de cumplimiento de los plazos del Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC).
Este cambio de paradigma ha convertido la adopción de soluciones basadas en electricidad renovable en un reto para muchos sectores, en España y en el resto del mundo. En concreto, la eficiencia energética en la electrificación del calor es clave para pasar de los combustibles fósiles a soluciones que funcionan con electricidad de fuentes renovables. Este cambio haría que la calefacción, la refrigeración y el ACS fueran más económicas, autosuficientes y seguras. La caldera de gas o la de condensación conllevan gastos como el contrato de gas, la revisión anual obligatoria y la dependencia del precio del gas. Además, solo genera calor: proporciona agua caliente y calefacción, pero no puede refrigerar, algo imprescindible ahora que las olas de calor se suceden en todo el país.
La electrificación en España pasa por conocer todas las soluciones disponibles para optar por sistemas que usen fuentes de energía limpias. En la climatización de edificios, las bombas de calor son un buen ejemplo: su desarrollo tecnológico ofrece opciones adaptables a casi cualquier necesidad. La aerotermia (sistema aire-agua) es la más extendida, pero no la única.
• Aire-aire: intercambia calor entre el aire exterior y el interior de la vivienda o el edificio. El aire acondicionado con inversor es un ejemplo de este tipo.
• Aire-agua: capta el calor del aire exterior y lo transfiere a un circuito de agua que lo libera mediante radiadores, suelo radiante o fancoils.
• Agua-agua: aprovecha el calor de aguas subterráneas o termales. Muy popular en el norte y el centro de Europa, en España su uso está limitado por la normativa de protección de los recursos hídricos.
• Tierra-agua: también llamada energía geotérmica, aprovecha la energía térmica del subsuelo mediante colectores o perforaciones de entre 100 y 150 metros de profundidad.
La aerotermia, en España, es la opción más popular para instalar una bomba de calor: es compatible con todos los climas del país y cubre los tres servicios clave —calefacción, ACS y refrigeración— con un rendimiento cuatro veces superior al de una caldera de gas convencional
Las bombas de calor se han consolidando como una alternativa eficiente para climatizar edificios comerciales, industriales y comunidades residenciales, y como vía para cumplir la Directiva (UE) 2024/1275, relativa a la eficiencia energética de los edificios, cuyo objetivo es lograr un parque inmobiliario de cero emisiones en 2050.
El motivo es que la transición hacia sistemas eléctricos alimentados con energía renovable supone un primer paso en la descarbonización del calor. Para sacarles el máximo partido, la mejor opción es combinarlas con instalaciones solares fotovoltaicas para autoconsumo. Unas placas en el tejado del edificio o un pequeño parque junto a una fábrica marcan la diferencia en ahorro, eficiencia y emisiones, al climatizar con energía limpia y local. Además de elegir una fuente de energía limpia, conviene analizar a fondo las necesidades de climatización y ACS del edificio para elegir la bomba de calor adecuada. Por ejemplo, locales, centros comerciales u oficinas quizá no justifiquen un equipo que produzca agua caliente sanitaria; un hospital o un centro deportivo, sí.
También hay que valorar la superficie a climatizar, el entorno y el clima en el que operará la bomba de calor. ¿Tengo acceso a energía geotérmica o solo al calor del aire? ¿Estoy en un clima cálido y seco, o húmedo y frío? Estas cuestiones marcan la diferencia entre una instalación eficiente y otra que, mal dimensionada, no reducirá los costes a largo plazo.
Según un estudio del IDAE sobre el consumo energético del sector residencial, más del 35% se destina a calefacción, cerca del 3% a aire acondicionado y más del 20% a agua caliente sanitaria. Por tanto, una bomba de calor que también genere ACS podría optimizar más del 50% de la energía de un hogar. Además, un estudio de la Universidad Técnica de Múnich que analizó 13 tecnologías concluyó que la combinación más eficiente y ecológica, incluso en los climas más extremos, es una bomba de calor aire-agua alimentada con paneles fotovoltaicos.
Ambos datos apuntan en la misma dirección: la bomba de calor es uno de los principales vectores para acelerar la electrificación del calor. El futuro pasa por instalaciones que consuman electricidad de origen renovable.
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Porque la mejor manera de prepararse para el futuro energético no es esperar a que llegue el cambio, sino anticiparse a él. El momento es ahora: cada año que pasa sin actuar supone seguir consumiendo más energía, emitiendo más CO₂ y pagando más de lo necesario. La buena noticia es que la solución existe, está disponible y funciona.