La bomba de calor eléctrica en industria ha dejado de ser una promesa para convertirse en una de las tecnologías más serias a la hora de descarbonizar el calor de proceso. Con la evolución tecnológica, la subida del precio de los combustibles fósiles, los objetivos de reducción de emisiones de los principales sectores productivos y un marco regulatorio cada vez más exigente, electrificar la generación de calor con bombas de calor de alta temperatura permite a la industria ganar eficiencia, estabilidad de costes y competitividad a largo plazo.
En este artículo repasamos qué papel pueden jugar las bombas de calor en el entorno industrial, qué tecnologías existen hoy, incluidas las bombas de muy alta temperatura y la recompresión mecánica de vapor (MVR) y cómo aterrizar un proyecto real con ATuAire By Iberdrola con apoyo de los Certificados de Ahorro Energético (CAE) y energía 100% renovable.
Más del 60% de la energía que consume la industria europea se destina a calor de proceso, y la mayor parte se sigue cubriendo con combustibles fósiles. Para sectores como el agroalimentario, químico, farmacéutico, textil, papelero o automoción, ese calor en forma de vapor, agua sobrecalentada o aceite térmico es el corazón de la planta. Cualquier cambio tecnológico debe garantizar continuidad operativa, calidad de producto y, además, mejorar el coste energético.
A diferencia del sector residencial y terciario, donde la electrificación con aerotermia ya está muy extendida, el entorno industrial exige potencias elevadas, temperaturas altas y una exigencia técnica mucho mayor: distintos fluidos caloportadores, integración con procesos en marcha, redundancia y disponibilidad 24/7. Por eso la estrategia ganadora no suele ser sustituir una caldera por otra solución única, sino diseñar un mix tecnológico que combine bomba de calor de alta temperatura, recompresión mecánica de vapor, fotovoltaica de autoconsumo, biomasa o calderas eléctricas según las necesidades reales del proceso.
Una bomba de calor industrial trabaja sobre el mismo principio termodinámico que una doméstica: aprovecha un foco frío, calor residual de procesos, condensación de máquinas de frío, efluentes, y mediante un ciclo de compresión, eleva su temperatura hasta el nivel útil para el proceso. La gran diferencia está en las temperaturas de impulsión, las potencias y los fluidos con los que trabaja.
El foco frío típico en entornos industriales puede ser calor residual de procesos de refrigeración, secaderos, hornos o efluentes con temperaturas entre 30 y 120 °C. El foco caliente entrega agua caliente, agua sobrecalentada, aceite térmico o vapor a presiones útiles para el proceso. Las potencias van desde unos cientos de kW hasta varios MW térmicos por equipo, escalables en paralelo.
El indicador clave es el COP (Coefficient of Performance): cuántos kWh de calor entrega la bomba por cada kWh eléctrico consumido. En aplicaciones industriales realistas, los COP se sitúan habitualmente entre 2 y 5. Si esa electricidad procede además de fuentes renovables, la huella de carbono del calor entregado tiende prácticamente a cero.
En cuanto a los refrigerantes, la solución más extendida en aplicaciones agua-agua es el R-1234ze o R-1234yf, con muy bajo potencial de calentamiento global. Para procesos que requieren mayor temperatura o potencia, se utilizan el R-717 (amoníaco), con excelentes prestaciones termodinámicas y huella de refrigerante nula, o el R-600a (isobutano), frecuente en bombas de calor industriales de alta temperatura. En aerotermia y aplicaciones de menor escala, el R-290 (propano) gana terreno por su bajo GWP y buena eficiencia.
Vale la pena mencionar también equipos como los de Enerin, que se alejan de este esquema convencional: trabajan según un ciclo Stirling, sin cambio de fase del fluido de trabajo. Esto les confiere un perfil de operación diferente, con la posibilidad de trabajar con fuentes de calor muy variables, aunque se trata de una tecnología todavía menos extendida que las bombas de compresión estándar.
El gran salto reciente ha sido el desarrollo de bombas de calor de alta temperatura (HTHP) y muy alta temperatura (VHTHP), capaces de cubrir rangos que antes parecían territorio exclusivo de las calderas.
En términos de madurez tecnológica, conviene situar estas soluciones en el contexto del TRL (Technology Readiness Level), la escala de 1 a 9 que mide el grado de desarrollo de una tecnología, desde la investigación básica hasta el despliegue comercial pleno. Las HTHP se sitúan ya en TRL 8-9: productos disponibles en el mercado, con referencias industriales contrastadas. Las VHTHP se encuentran en su mayoría en TRL 6-7, con pilotos demostrativos en funcionamiento y primeras instalaciones comerciales, lo que las convierte en una apuesta sólida para proyectos con cierto horizonte de planificación.
Entre los fabricantes que marcan el paso en este segmento destaca SPH (Alemania), con compresores de pistón de alta temperatura optimizados para refrigerantes de bajo GWP, y Enerin, cuya tecnología de ciclo Stirling, sin cambio de fase del fluido de trabajo, es capaz de alimentar vapor entre 1 y 10 bar. Estos equipos resultan especialmente interesantes para plantas farmacéuticas y aplicaciones alimentarias, sectores donde las exigencias de temperatura y la trazabilidad del proceso son determinantes.
Junto a las bombas de calor de alta temperatura, la recompresión mecánica de vapor (MVR) y la recompresión térmica de vapor (TVR) son tecnologías muy maduras para procesos donde existe vapor de baja energía que hoy se descarta.
En aplicaciones de evaporación o concentración (por ejemplo, productos lácteos, zumos, residuos químicos), pasar de un evaporador de doble efecto convencional a MVR puede reducir el consumo energético específico desde el entorno de 0,4 kWh por kg evaporado hasta valores cercanos a 0,05-0,15 kWh/kg, lo que se traduce en reducciones de emisiones de CO₂ que pueden superar el 90% si la electricidad es renovable. La combinación de bomba de calor de alta temperatura + MVR es uno de los esquemas más potentes para descarbonizar plantas con demanda intensiva de vapor.
Comparada con una caldera convencional, la bomba de calor industrial ofrece beneficios concretos y medibles:
El precalentamiento de agua de proceso, fluidos térmicos o aire de combustión es uno de los usos más rentables: temperaturas moderadas, demanda continua y mucho calor residual disponible. Para aplicaciones de vapor de baja y media presión, las bombas de calor de muy alta temperatura combinadas con MVR pueden suministrar vapor entre 1 y 10 bar, cubriendo gran parte de las necesidades de fábricas alimentarias, químicas o farmacéuticas.
Lácteos, bebidas, conservas, cárnicas o panificación trabajan con procesos térmicos en el rango 60-160 ºC: pasteurización, esterilización, secado, evaporación, limpieza CIP. Es uno de los sectores donde la bomba de calor encaja de forma más natural, sustituyendo calderas de gas natural o gasóleo y aprovechando el calor residual de cámaras de frío y máquinas de proceso.
En química fina, formulación o farmacia, la demanda típica de vapor a 6-10 bar para reactores, esterilización y limpieza encaja con las prestaciones de las bombas de calor de muy alta temperatura. Casos reales en grandes operadores farmacéuticos demuestran que una bomba de calor de unos 700 kW térmicos, alimentando vapor a 10 bar, puede generar varios miles de MWh anuales y evitar miles de toneladas de CO₂ al año, frente a la alternativa convencional con gas natural.
Si estás valorando electrificar el calor de tu instalación, el siguiente paso natural es un estudio de viabilidad específico para tu proceso. Desde ATuAire by Iberdrola podemos ayudarte a evaluar el potencial real de ahorro, diseñar la solución más adecuada y articular la financiación junto con la gestión de los CAE, para que la transición a un calor industrial sostenible sea técnica y económicamente viable desde el primer día.